postheadericon La Respiración - Fragmento

DRAMATIS PERSONAE

NAGORE tiene 43 años
MAITE 67
IÑIGO 43
ANDONI 55
LEIRE 23
MIKEL 30


ESCENA I
Nagore hace que su madre aparezca

Estamos en la casa de NAGORE. Es de noche. Las cinco de la mañana. Sobre el sillón están los vaqueros negros de NAGORE y en la alfombra las deportivas negras. ANDONI entra y se sube en la mesa del comedor. Se sienta en la posición de loto sobre un cojín con forma de corazón. La luz baja hasta hacer oscuro y escuchamos a ANDONI haciendo «la respiración de fuego». La luz lo va iluminando poco a poco. Durante un minuto estará él solo. Pasado el minuto vemos a NAGORE viniendo por el pasillo. Viene en bragas, con calcetines y con una camiseta. La que llevará durante toda la función. Coge una manta. ANDONI para de hacer «la respiración de fuego». NAGORE se sienta en el brazo del sofá. Se deja caer sobre el sofá. ANDONI vuelve a hacer «la respiración de fuego». NAGORE se incorpora. ANDONI para. NAGORE se tumba. ANDONI continúa. Finalmente NAGORE se incorpora. Mira al público. NAGORE se irá vistiendo durante el monólogo.

NAGORE
Amigos. Perdonad que no me duerma pero es que me he separado hace un año y tengo la sensación de que mi familia ha desaparecido. Quiero volver a tener una familia. Sé que no es verdad porque mi familia es mi hija. Mi hija, mi madre y yo somos mi familia, pero la sensación que tengo de soledad es… Es una sensación de soledad muy grande. Los días en que la niña está con su padre, cuando me desvelo a las cinco de la mañana y no escucho la respiración de mi hija, y toco el vacío que ha dejado mi marido en la cama… Tengo la sensación de no saber qué hago aquí. No sé qué hago en la vida. No entiendo qué ha pasado. No entiendo para qué sirve mi casa si mi hija no está jugando en ella. Me quedo tumbada, en la oscuridad, con los ojos abiertos, y me escucho respirar. Los pequeños ruidos han desaparecido, y han dejado un hueco enorme. Y creo que ese hueco, ese silencio en el que solo me oigo a mí misma con la respiración ansiosa, entrecortada, es el reflejo exacto de cómo me encuentro. Soy una especie de náufraga en mi propia cama. Ando perdida, flotando en la oscuridad de la habitación. No enciendo la luz para no desvelarme más, y creo que tampoco la enciendo para no ver que estoy sola, rodeada por cosas que no entiendo qué hacen ahí, porque antes, la cama, las sábanas, eran el lugar donde nos uníamos, donde nos abrazábamos, donde acariciaba su piel, donde él me acariciaba, y ahora la cama no es más que un sitio en el que me tumbo, para leer, y para dormir. Mi cama ha dejado de ser bella. Parece la cama de un escaparate de camas, y cuando me acuesto cada noche tengo la sensación de estar entrando en una tienda de camas. Si de noche tengo que ir al baño paso por delante de la puerta de mi hija, rápido, sin mirar dentro. Ver su cama vacía… No puedo ver su cama vacía… Aún no puedo decir qué me pasa cuando veo su cama vacía. Ya sé que tengo que aceptar todo esto. Y lo acepto. Así es la vida. Al menos digo que lo acepto. No sé si lo he aceptado de verdad. Un día, tienes un bebe, un compañero, y el ruido no te deja concentrarte para trabajar, y al día siguiente, cuando menos te lo esperas, estás sola en casa y lo que no te deja concentrarte es el silencio. Cuando estoy con la niña todo es diferente. No tiene nada que ver. Cuando estoy con la niña estoy bien, pero aun así, tengo que reconocer que le echo de menos a él. Echo de menos lo que éramos los tres. Lo que pasaba cuando estábamos los tres, eso lo echo de menos. Y le echo de menos a él. Mucho. Amigos ahora tengo que seguir viviendo, pero tengo la sensación de que no es solo seguir. Es rehacer. Es reinventar. Es volver a construir una vida nueva, pero la nostalgia de la vida pasada es muy fuerte. Los recuerdos son muy fuertes, y son muchos. Son todos. Me sostengo sobre esos recuerdos. Y ahora tengo que esperar a que pase el tiempo para poder tener recuerdos nuevos en los que poder sostenerme de nuevo. He vivido quince años con él. Yo tenía veintisiete y él treinta. Son tantos recuerdos… Y él está metido en la mayoría. Antes también estaban, ¿no? ¿Pero por qué ahora me producen nostalgia y antes no? Creo que es… creo que es porque ya no va a haber más recuerdos del mismo tipo, porque el futuro no se va a parecer en nada al pasado. Es una pérdida de la continuidad, de la sensación de continuidad que tenía la vida. Se crea la oscuridad delante de la visión del futuro. Aparece lo desconocido. Él ya no está a mi lado. Mi compañero se ha ido. (Pausita. NAGORE sonríe cómplice al público.) Mi compañero se ha ido con otra, básicamente, y me ha dejado sola. Ya no tengo a nadie al que dar la mano para seguir caminando. En una mano tengo a mi hija, pero en la otra ya no hay nadie. (NAGORE ya no sonríe.) Ya no caminamos los tres.

Por la acera. De la mano. (Pausita.) Y estando yo así, qué puedo hacer. Ahora me dicen: Tienes que pasar el duelo. ¿El duelo? Llevo un año de duelo. No tengo demasiada paciencia, la verdad, tengo que reconocerlo. La herida, la ansiedad, las mariposas, las tengo aquí, nacen aquí, debajo del ombligo, alrededor de la tripa y se extienden por todo el cuerpo. ¿Qué puedo hacer para reírme de mí? ¿Qué puedo hacer para poder mirar a la cara a todos mis fantasmas, reírme de ellos, y seguir viviendo? Creo que lo mejor que puedo hacer es contaros la historia de mis intentos desesperados por salir de esta situación. Lo primero que hice fue hacer aparecer a mi madre y sus amigos para evitar la soledad.

Entran cantando: MAITE, IÑIGO, LEIRE Y MIKEL y se les une ANDONI y NAGORE

TODOS
Por el aire
vienen las penas.
Por el aire
siempre se van.
Por el aire
llega la alegría,
y en el aire
se quiere quedar.
Aire, aire
métete en mi cuerpo
dame para respirar,
la alegría
que vive en el aire
me hace volar.

Acaban de cantar.

MAITE
Te tienes que enfrentar a la soledad. Ya eres muy mayor.

NAGORE
No me quiero enfrentar a la soledad.

MAITE
Y te tienes que cuidar. Te tienes que cuidar un poquito para verte bien.

NAGORE
No me quiero cuidar. Cada vez que me cuido me pongo mala o me lesiono.

MAITE
Pues arréglate. Cómprate ropa nueva.

NAGORE
No quiero arreglarme.

MAITE
Y estás bebiendo mucha cerveza.

NAGORE
No pienso dejar de beber cerveza, ni pienso dejar de beber café. Quiero estar como una moto todo el día, y quiero estar borracha por las noches.

MAITE
No hace falta estar borracha para no pensar. Tómate un Lexatin.

NAGORE
Claro, venga, drogas.

MAITE
¿El alcohol no es una droga?

NAGORE
Sí, pero no te la receta el médico.

MAITE
El Lexatin te ayuda con la ansiedad. La cerveza te la aumenta.

NAGORE
¿Sabes por qué se ha ido con otra? Porque he reproducido con él la relación que tenías tú con papá. No he sido consciente y lo he hecho todo mal. He reproducido vuestra manera de comportaros.

MAITE
Pues no la reproduzcas. No me toques las narices y crece. Ahora qué pasa, ¿que yo soy la responsable de tu inmadurez? ¡Ja! Tómate un Lexatin, vete a la playa, despelótate, tírate en la arena y siente la sensualidad del aire y del agua del mar en tu piel.
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